Como miembros del Comité de la Red Franciscana del Mediterráneo, fuimos invitados a participar en septiembre del 17 al 24 del 2023 al III Encuentro de las Iglesias del Mediterráneo en Marsella. Señalar que el primero fue en Bari y el segundo en Florencia solamente para los Obispos; la novedad en este tercer encuentro fue que en él participaron -de igual a igual- jóvenes de distintas procedencias y religiones.
El programa fue amplio e intenso. Comenzamos con la primera relación-presentación en el “Parlamento Regional”, que estuvo a cargo del Obispo de Constantinopla e Hipona, Nicolás Lhernoud, donde había 70 jóvenes de todas las confesiones y religiones invitados a participar en el encuentro con duración de una semana; los jóvenes comenzaron el lunes y los Obispos venidos de 25 países el miércoles, teniendo también sus propios encuentros y, a partir del viernes, encuentros-sesiones conjuntas de jóvenes y obispos. Se finalizó el sábado con una Asamblea de jóvenes y obispos junto al Papa Francisco, en el Auditorio de El Faro y la Eucaristía en el estadio Orange de Marsella con un aforo completo de 60.000 personas.
Este tercer encuentro del Mediterráneo tuvo por lema: “Mediterráneo: mosaico de esperanza”, con el objetivo compartido de que este mosaico de pueblos, culturas y religiones, que componen el Mediterráneo construyan y compartan una misma esperanza.
Siendo muy conscientes de que la realidad Mediterránea es un espacio común pero fragmentado, un teatro de conflictos, un regalo de la creación, cuna de fe, frontera de paz, abismo trágico, espacio de intercambio, conjunto y fragilidad amenazado, tesoro de espiritualidad e historia, espacio de coexistencia dichosa e historia polivalente con muchas heridas también.
El Tema inicial que nos propuso fue “Escoger la vida”… desde el anhelo que en esta época nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, para poder hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos: “como hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura; puesto que nadie puede pelear la vida aisladamente”.
Conscientes de que se necesita una comunidad que nos sostenga y nos ayude, en la que nos apoyemos unos a otros para mirar hacia adelante. ¡Porque es importante soñar juntos! Ya que solos corremos el riesgo de tener espejismos, en los que ver lo que no hay; y sabiendo que los sueños se construyen juntos.
Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos” (Fratelli Tutti n.8 – 2020)
Los Objetivos del encuentro fueron: Lograr acciones concretas de reconciliación y solidaridad entre los pueblos, desde las personas más frágiles, la ecología, la libertad de conciencia, la paz y los conflictos, la educación…
Sabiendo que, como seres humanos, estamos hechos de tal manera que no nos realizamos ni podemos desarrollarnos o encontrar la plenitud “si no es en la entrega sincera de uno mismo a los demás”. Ya que no somos capaces de reconocer a fondo la propia verdad de uno si no es en el encuentro con los otros: “Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que comunico con el otro”. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. He aquí el secreto de la verdadera existencia humana, porque “la vida subsiste donde hay vínculo, comunión y fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte” (Fratelli tutti n.87 – 2020)
Es decir, que es necesario ayudar a reconocer que la única vía posible consiste en aprender a “encontrarse con el otro” de manera justa, apreciándolos y aceptándolos como compañeros de ruta, sin resistencias interiores. Más aún, se trata de aprender a descubrir a Jesús en el rostro de los otros, en sus voces, en sus demandas… (La alegría del Evangelio n.91 – 2013)
“La solidaridad, entendida en su sentido más profundo y como desafío, es una manera de hacer historia, donde tensiones y oposiciones pueden alcanzar una unidad multiforme, una unidad que genera vida nueva. (La alegría del Evangelio n.228 – 2013)
“Son tiempos malos, difíciles, repetimos por todos los lados. Vivamos bien y los tiempos serán buenos. Somos nosotros quienes hacemos que los tiempos sean buenos o malos; el tiempo es lo que nosotros hagamos” (San Agustín. Sermón 80,8)
Resumiendo; que es posible vivir la vida no como expresión de una idea sino como el despliegue de una libertad y llamada a la comunión.
Sabiendo que cada historia personal y colectiva es un mensaje que se despliega y desarrolla paso a paso, donde hay que aprender a escuchar y compartir.
Sabiendo que este develamiento constituye la dinámica de la historia; que al consentirlo y hacer este camino de escucha y compartir, contribuimos al desarrollo y construcción de un Mediterráneo como “mosaico de esperanza”.



