Entrevistamos en Rayón (Chiapas) a Fray Ricardo Roque, hasta hace pocos meses director de “La 72” y actualmente maestro de novicios en la provincia.
Nos recibe en un pequeño despacho contiguo a la iglesia de esta pequeña población de poco más de 10.000 habitantes. Fray Ricardo ha coordinado “La 72” durante los 3 últimos años. Repasamos con él este período y sus retos actuales.
¿Qué es “La 72 Hogar/Refugio”?
Este refugio es como un santuario de humanidad donde se trabajan los valores franciscanos, sobre todo el acoger al hermano sin distinción alguna ni de raza, ni de color, ni de religión y abogando por sus derechos humanos. En México se dice que toda persona tiene derechos, pero la realidad es distinta porque el gobierno, que debe de preocuparse de estas garantías, no les da acceso a la salud, vivienda, trabajo, educación… entonces a nosotros nos toca alzar la voz por ellos, por las personas en tránsito.
¿Cómo ha cambiado este “Hogar/Refugio”?
El proyecto lleva 12 años como tal, pero la atención a migrantes comenzó hace ya 28 años. Al principio solo llegaban varones. Luego ya comenzó la presencia de mujeres y adolescentes no acompañados. Hasta el 2024 venían familias completas, muchos infantes, mujeres embarazadas y hasta personas con discapacidad. Este año, con la reelección de Donald Trump vienen, en su mayoría, varones solos otra vez.
¿De qué huyen?
Hay muchas razones: pobreza, violencia, cambio climático… Nosotros tratamos de dar una respuesta de manera integral y para ello sumamos esfuerzos con el voluntariado y con las organizaciones que vienen a colaborar.
¿Cómo han sido los años que has estado al frente de “La 72”?
Durante este tiempo hemos podido consolidar una estructura de áreas dentro de la casa, como la de Derechos Humanos donde se da atención y servicio a las personas migrantes que solicitan refugio en México; la de Ayuda Humanitaria que es para migrantes en tránsito donde les damos hospedaje, alimentos o ropa; el área para grupos en situación de vulnerabilidad, donde nos llegan realidades muy crueles que necesitan ayuda médica o psicológica.
Otra de las áreas es la de Cambio Estructural. Aquí se ha creado una red de defensores comunitarios que nos ayudan o coadyuvan a lo largo de la ruta migratoria. Hay más áreas que son significativas, pero creo que éstas son los cuatro pilares de la casa.
¿A que dificultades se enfrentan las personas en movimiento?
Sufren extorsiones de polleros, de asaltantes en el camino… A los más vulnerables los asaltan, los golpean y les quitan todo. A veces las mismas corporaciones policiacas, que son quienes los deberían de proteger, son los primeros en extorsionarlos. También se enfrentan a desapariciones forzadas, a trata, a convertirse en mulitas para pasar droga, pueden ser reclutados por el crimen organizado, sufrir violaciones físicas o maltratos. Y después de todo eso, entran en México y se encuentran con otra cruda realidad también de persecuciones y violencia para llegar a la frontera norte y de encarcelamiento y persecuciones. Y las deportaciones, incluso teniendo el estatus en Estados Unidos.
¿Es la conocida como migración inversa?
Si, en Tenosique han estado pasando caravanas pequeñas de 15-20 personas en forma de goteo, sobre todo, cubanos y venezolanos que han sido deportados y hacen el camino de vuelta.
En agosto, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México aseguró que el flujo migratorio en la frontera con EE UU se desplomó un 91%. ¿qué va a pasar en el futuro?
Las migraciones no van a parar. De momento mientras haya una sola persona que llegue estaremos ahí.
Ya en Rayón (Chiapas), ahora como maestro de novicios, ¿a qué retos te enfrentas?

Como es propio de la Orden Franciscana estamos trabajando en la paz pensada como diálogo entre culturas, la defensa de derechos humanos, la mediación en conflictos bélicos o el tratar de orar por la paz y el cuidado al medioambiente.
En este sentido, estamos centrados en un proyecto incipiente: el “Centro de Derechos Humanos, La Selva Negra” que pretende alzar la voz contra por ejemplo las mineras, que contaminan el medio ambiente o también para afrontar la violencia física, psicológica y sexual que sufren muchas mujeres, la venta de niñas o los matrimonios forzados…tenemos mucho trabajo en cuanto a la dignidad de la mujer.
Un proyecto en el que nos uniremos con personas laicas, ya sean creyentes o no creyentes porque urge trabajar en conjunto.
Y es que los derechos humanos no tienen religión. Tenemos que atender desde cualquier trinchera.



