Como RFMed hemos sido invitados a participar en el proyecto Med25belespoir, consistente en 8 rutas por el Mediterráneo en la goleta-escuela de paz Belespoir para 200 jóvenes, de diversas nacionalidades, culturas y religiones, dispuestos a participar en esta “odisea” de navegación en sus aguas para cultivar el encuentro, el diálogo y la búsqueda por la Paz en este proceloso “Mare Nostrum”; considerando que es mejor trabajar la fraternidad, la esperanza y la justicia para todo ser humano, en vez de quedarse en la mera auto referencia e individualismo o en la desesperanza; buscando trabajar para que el Mediterráneo deje de ser solamente un cementerio y se convierta en el mosaico de culturas y espacio de acogida que ha sido y puede ser.
Como RFMed hemos aportado a esta primera etapa un “icono” que representa el Encuentro entre Francisco de Asís y el Sultán en Damieta; como signo de que fue posible el diálogo y encuentro en una época de Cruzadas y guerras entre cristianos y musulmanes, donde San Francisco -conocido por su amor hacia la creación y su deseo de promover la paz- no vio al sultán como un enemigo sino como un hermano con quien dialogar; pues su enfoque se alejaba de la violencia y la imposición, buscando siempre el respeto y la comprensión mutua.
Este encuentro, ocurrido en 1219, nos parece que representa un momento en el que la fe y la razón podían encontrarse en un terreno común; un signo donde poder visualizar la esperanza en un mundo donde las diferencias religiosas no tienen que ser motivo de conflicto, sino de diálogo enriquecedor; porque, a través de su actitud de humildad y amor, Francisco de Asís supo convertirse así en puente entre dos culturas y religiones, mostrándonos que la verdadera misión de la fe (sea cual sea) siempre es la construcción de la Fraternidad y la Paz.

Este icono fue llevado al altar de la Sagrada Familia de Barcelona por un joven cristiano de Egipto y una joven musulmana de Kosovo, el domingo día 2, para la celebración de la eucaristía internacional que tuvimos a las nueve de la mañana presidida por el Cardenal Juan José Omella y el de Marsella Jean Marc Avelin. Después se llevó al velero Belespoir, para permanecer y acompañar a los otros siete grupos de jóvenes durante los restantes itinerarios, hasta su finalización en octubre en el puerto de Marsella.
El proyecto Med25belespoir ha comenzado en marzo (del 1 al 15), con su primera etapa “Barcelona – Tetuán”; teniendo como tema principal el “Diálogo intercultural”.
En esta primera singladura estuvimos veinte jóvenes de catorce nacionalidades diferentes y dos adultos como acompañantes. En cada itinerario, además de los días de navegación donde se colabora con la tripulación en todos los trabajos necesarios en el Belespoir (arriar e izar velas, limpiar, cocinar, fregar y trabajo de reflexión en grupo, etc.); se tienen también encuentros en tierra con otros grupos de jóvenes de los lugares de partida y de llegada.
Para ésta tarea los veinte jóvenes se dividieron en tres pequeños grupos de trabajo y reflexión compartida sobre Diálogo de culturas, Educación y sociedad, la Mujer en el Mediterráneo, Religión y Diálogo, Medio ambiente y Desarrollo; Desafíos de la migración, Cristianismo en el este y oeste, Constructores de Paz.
Señalar también que existe una Red de comunidades contemplativas en el Mediterráneo, que se ha comprometido a rezar por el grupo de jóvenes en cada etapa e itinerario. En marzo fueron las Carmelitas de Tanger quienes lo hicieron por nosotros y nos hicieron llegar al grupo una botella con mensaje dentro, donde había un código Qr al que poderse conectar para ver un vídeoclip con la siguiente reflexión:
Nuestra vida es como un viaje; nuestra forma de viajar, la ruta y las etapas están fuertemente determinadas por nuestra cultura.
A través de la cultura aprendemos a expresar la belleza y a dar forma a la creatividad, a comunicar nuestra identidad al mundo.
Mediante la cultura desciframos la realidad que nos rodea, pero la cultura es una verdadera riqueza solo si somos capaces de reconocer la belleza de las otras culturas, porque ninguna cultura puede contener en sí misma la totalidad de la realidad y ninguna cultura posee una visión completa de la vida y la humanidad. En última instancia, ninguna cultura es suficiente por sí sola.
Una cultura cerrada al encuentro con el otro es como un pájaro encerrado en una jaula: nunca aprenderá a volar alto y solo conocerá su pequeño mundo de prisionero. Porque cada cultura es una pieza del gran mosaico que es el mundo.
La complementariedad reside en la diversidad.
Acoger la complementariedad significa sentar las bases para un mundo de paz.
Es necesario conocer para comprender, es necesario comprender para amar, con paciencia, sin miedo.
Os deseamos un buen viaje.
Rezaremos por ustedes. Vuestras hermanas carmelitas de Tánger (de 9 países y 4 continentes).



