Fraternidad de Santa María de Jesús – Ispica (RG), Italia
«Un samaritano que iba de camino lo vio y se compadeció de él» (Lc 10,33).
En esta parábola, el herido socorrido es llevado a un pandokeion, una casa para todos los pueblos, un lugar donde la humanidad herida encuentra cuidado y dignidad. Es la misma lógica evangélica que se renueva en la casa de Betania, donde el mismo Jesús se hace “necesitado” y es acogido por Marta, María y Lázaro. Allí, el Señor no solo recibe hospitalidad, sino que revela el rostro de un Dios que se deja acoger.
Con esta doble imagen —el Samaritano y Betania— la fraternidad del convento de Santa María de Jesús de Ispica se reconoce como fraternidad de evangelización y acogida, casa abierta a quienes viajan por el Mediterráneo y uno de los signos vivos de la Red Franciscana del Mediterráneo.
Nacida como Casa para las Misiones y la Evangelización, la fraternidad ha aprendido con los años a moldearse según la concreción del Evangelio, dejándose plasmar por los rostros y las historias de quienes llaman a su puerta. Cada persona acogida se convierte para los frailes en un evangelio vivo, una presencia que interpela, enseña y revela el rostro tierno de Dios. En cada huésped se manifiestan la humanidad herida y redimida del Samaritano y la amistad fraterna de Betania, donde Jesús encuentra hogar entre Marta, María y Lázaro.
El convento ofrece espacios de oración, trabajo y fraternidad, especialmente mediante el cuidado del huerto y la producción de productos típicos, fruto del trabajo compartido entre frailes, huéspedes y habitantes de la ciudad. Este estilo sencillo y concreto genera inclusión, dignidad y belleza, transformando el trabajo cotidiano en un acto de comunión y de anuncio evangélico.
La experiencia de Ispica muestra cómo acogida y evangelización son dos manos de una misma caridad: por una parte se recibe el Evangelio de los últimos, y por otra se dona mediante el testimonio de vida. La evangelización se realiza así “entre los frailes y entre la gente”, en un continuo entrelazarse de escucha, servicio y fraternidad.
En este camino, del 18 al 21 de octubre, la fraternidad tuvo la alegría de acoger a fray Fabio y fray Fausto; delegados de la Orden para la coordinación de la Red Franciscana del Mediterráneo en el ámbito de los migrantes. Los días vividos juntos fueron un tiempo de gracia y fraternidad, compartido en la sencillez de la vida cotidiana, de la oración y del servicio. Los hermanos enviados pudieron conocer de cerca la realidad de Ispica, con sus experiencias de acogida, trabajo compartido y diálogo con el territorio, reconociendo en ella un signo concreto de la presencia evangélica a lo largo de las rutas del Mediterráneo.


El momento conclusivo de la visita fue un encuentro fraterno de diálogo y discernimiento, durante el cual se presentaron algunas perspectivas para el camino futuro, nacidas de la escucha recíproca y de la experiencia vivida. La fraternidad de Santa María de Jesús, a partir de lo experimentado, continuará colaborando activamente en la Red, ofreciendo su aporte de acogida y testimonio para que el Mediterráneo sea verdaderamente un espacio de fraternidad, justicia y paz.
En red con otras realidades franciscanas que trabajan a lo largo de las rutas del mar, la fraternidad de Ispica quiere ser un espacio de esperanza y encuentro, un pandokeion evangélico donde quienes llegan de lejos encuentran acogida y donde la comunidad local descubre que el Evangelio sigue haciéndose carne en los rostros de los hombres y mujeres en camino.
La Virgen María, Estrella de la Evangelización, acompaña los pasos de esta fraternidad que, como Francisco de Asís, desea anunciar el Evangelio como pobres, con los pobres y para los pobres.



